Finalmente
contemplé la casa de Liam, toqué el timbre y una sonriente Karen,
la madre del chico, abrió.
-
Hola ___ pasa, están en el salón
-
Gracias señora Payne -sonreí-
Gritos
se escuchaban por parte de mis amigos, me apollé en el umbral de la
puerta mientras veía la escena. Liam y Niall jugaban al fútbol en
la play mientras que Step los miraba riendo por cada vez que ellos se
peleaban. Por otro lado Louis y un chico, al que etiqueté como al
primo de él gritaban y saltaban en el sofá del salón.
-
¡Soy Spiderman! -gritó aquel chico mientras hacía un gesto raro
que no pude descifrar-
-
¡Yo Superman! -dijo Louis-
En
un abrir y cerrar de ojos contemplé a Louis tendido en el suelo
mientras se quejaba en de dolor por haberse caído. Solté una
carcajada y todas las cabezas giraron mirándome.
-
Deberías tener cuidado -dije graciosa-
Todos
rieron y se acercaron a mi para saludarme
-
___ este es mi primo Luke -nos presentó Louis-
-
Un gusto hermosa -dijo besándome la mano-
Me
llevé la mano restante a la cara debido a que mis mejillas se
tiñieron de carmín. Luke era un chico muy guapo, demasiado diría
yo, su pelo negro caía sobre su rostro que hacía sus hermosos ojos
celestes brillasen con más intensidad. Su nariz pequeñita y chata
hacía que junto con su piel blanca como la nieve tuviese un rostro
angelical. Aunque los demás presentes eran más apuestos que Luke,
daba la sensación de que su caballerosidad hacía que muchas chicas
cayesen a sus pies.
La
tarde pasó realmente rápido entre risas y algún que otro grito por
nuestra parte, a veces pensaba que la madre de Liam estaría harta de
nosotros, siempre nos reuníamos en su casa y hacíamos demasiado
ruido con nuestros gritos y risas.
Me
tumbé en mi cama cansada pensando en mi padre y en la sorpresa que
me llevé al ver sus maletas aquí. Según él estaba preocupado por
mis “alucinaciones”aunque sabía perfectamente que todo aquello
era una gran mentira. La gran pregunta era por qué mis padre después
de tantos años se quedaría conmigo. “Vivirá en casa ___” me
recordé por enésima vez.
Él
no sabía como en mi vida me hacía tanta falta un padre, no sabía
que era que me recogiesen del colegio tras una dura mañana a causa
de que mi madre tenía que trabajar hasta horas inhumanas para que
las dos juntas y pudiéramos tener una buena vida. En mi niñez me
faltaba un padre al igual que ahora me faltaba una madre y un padre
que me comprenda y quiera.
Suspiré
cansada y contemplé el techo de mi habitación mientras una lágrima
descendía por mi rostro y me preguntaba el porqué la vida era tan
complicada, solamente pedía que mi madre viniese y que mi padre
fuese aquella figura a la que se llama “papa” y no la persona que
solamente puso sus semillas.
Me
moví incómoda y noté algo duro en la almohada, la alzé y recordé
lo que encontré en la oficina de mi padre.
El
libro.