Mis
ojos se veían nublados a causa de mis lágrimas que recorrían mi
rostro, no veía nada, todo a mi alrededor se encontraba opaco. No
podía situarme a causa de que me acababa de despertar, Me limpié
las lágrimas con mi blusa y pude ver donde estaba.
Contemplé gracias a unas
leves sombras que estaba en una habitación con la persiana bajada
aunque entraba una poca luz. Estaba tumbada en una gran cama, esta
habitación la había visto antes, Harry.
Me
levanté de un salto y pude ver que llevaba aquel vestido, negro
ajustado con pequeños rasgos de encaje que mi amiga había escogido
para mí, el que llevaba en la fiesta.
Descalza
comencé a dirigirme a la puerta en busca de Harry mientras maldecía
por mi dolor de cabeza. Oh dios, resaca. Estaba algo aturdida y no
comprendía lo que sucedía pero podía asegurar que esto era muy
raro.
Llegué
a la cocina y lo encontré, estaba de espaldas cocinando. Llevaba
unos vaqueros algo gastados y caídos dejando ver sus boxers negros,
iba sin camiseta y agradecí a dios por ello, así podía contemplar
algunos de sus tatuajes.
Sonreí
inconscientemente admirando aquel ángel, mi medio ángel, mi
wildgrey. Daba igual como lo llamase porque realmente aquel chico se
había metido en mi corazón y no quería dejar escaparlo.
Se
giró al escucharme y sonrió cuando me vio.
-
Bonita resaca ¿eh? -bromeó-
-
¿Qué a pasado? -susurré mientras me tocaba la cabeza a causa del
dolor-
-
Te pusieron droga en la bebida
Fruncí
el ceño ¿Me estaba tomando el pelo? Eso ocurrió hace más de un
mes.
-
Muy gracioso Harry -ironicé- Ahora dime que a pasado
-
Ya te lo he dicho, has dormido por casi un día entero.
El
tiempo se paró y quedé congelada, el tiempo no pasaba, el mundo se
vino encima, eso quería decir que todo lo que había sucedido era un
sueño que me había creado a droga. Abrí los ojos asombrada.
Nunca
había hablado bien con mi padre, él no me quería. No me había
peleado con Niall ni habían robado en mi casa, no era danger ni mi
padre un ángel oscuro y Harry simplemente no era un wildgrey, no me
acosaba y tampoco me quería.
Una
lágrima recorrió mi rostro despacio, dolorosamente como si se
tratase de espada y tartamudeando con un susurro casi inaudible
pregunté.
-
¿Lo que soñé no es cierto?
-
Puede que si lo sea, solo que aún no a pasado -sonrió-
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