Abrí
los ojos perezosamente, escasos rayos de sol se filtraban por la
ventana. Refunfuñé y me tapé la cara con la almohada de mi cama,
aspiré su aroma, Harry.
Olía
a aquel olor varonil, una suave mezcla entre menta y algo dulce que
no sabía decir. Era él, era Harry. Adoraba aquel olor tan
característico, me hacía sentir tranquila.
Anoche
él me tuvo que arropar y quedarse conmigo un rato hasta que me
calmara, me abrazó y que caí rendida en los brazos de Morfeo.
Sonreí inconsciente de lo que aquel chico me hacía sentir, nunca
dejé a ninguno entrar en mi habitación aparte de Niall, él era un
caso especial.
Caí
en la cuenta de que no me había perdonado, estaba tan centrada en lo
que me estaba pasando que se me olvidó por completo. Era una egoísta
e irresponsable. Susurré un mierda y miré el reloj, eran las doce
del mediodía.
Me
levanté maldiciendo por la hora y me vestí con unos vaqueros
cortos, una camiseta ceñida al cuerpo color pasión y como no, unas
convers del mismo color que el pantalón.
Bajé
lo más rápido que pude por las escaleras, estaba decidida a ir a
casa de Niall a hablar con él, pero no sin antes desayunar. Cogí la
leche del frigorífico y bebí del cartón.
Sabía
que no era muy refinado pero tenía prisa y no estaba dispuesta a
esperar mucho más para reconciliarme con mi mejor amigo, aquella
persona que me había ayudado tanto. Y yo, no iba a darle la espalda.
En
unos segundos me encontraba dispuesta a salir por la puerta cuando me
acordé de que tenía que avisar a mi padre, subí a la planta de
arriba y llegué hasta su despacho, aquel que había sido destrozado
tras el robo.
Ahora
estaba perfectamente ordenado, pero la ventana había sido tapiada.
No podía evitar pensar que era mi culpa aquel robo, sabía que
buscaban algo relacionado conmigo. Los ángeles me tenían miedo,
pero no sabía por qué, todo era bastante confuso.
Dirigí
la mirada hacia mi padre, estaba sentado en su silla mirando unos
papeles. Me miró y sonrió con brillo en los ojos, aquel brillo
paterno que tanto había deseado encontrar en él.
Ya
no estaba enfadada, me había dado cuenta que ni siquiera era
musulmán, todo era una gran mentira, una historia que se había
inventado para ocultarme. Pero al igual que esa mentira se había
inventado muchas otras como la que me odiaba o la de que cuando nací,
no me quería.
A
él le dolía haberse perdido tantos años de mi vida y haberme
escuchado llorar por su culpa, lo sabía. Ya me lo había dicho
anoche, y estaba dispuesta a perdonarle.
-
Papá voy a ver a Niall -informé-
-
Esta bien pero recuerda que esta tarde verás a Harry -dijo
levantándose y acercándose a mí- Va a prepararte para que
desarrolles tus dotes como Danger.
Asentí
y me besó la frente.
Ahora
y más que nunca estaba dispuesta a saber más de mi vida.
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