jueves, 6 de marzo de 2014

Capitulo 8


Al entrar corrí hacia los establos para coger mi preciado caballo llamado Snow. Era un caballo blanco, blanquísimo al que yo tenía desde muy pequeña, prácticamente creció conmigo y cuando me mudé desde Manchester a Londres lloré y pataleé como una niña pequeña hasta que me lo trajeron. Este era mi caballo y nunca lo cambiaría.
Decidí que no lo iba a ensillar, no me hacía falta, me encantaba montar lo salvaje a lo que agradecí que este club estuviese a las afueras de la cuidad. Salí con mi caballo hasta el principio del bosque y me sequé las pocas lágrimas que me quedaban en el rostro. Me quité el velo y lo envolví alrededor del cuello del caballo sin apretar mucho para poder sujetarme.
- Vamos Snow, vamos a divertirnos un rato -susurré en su oído-
Empezó a galopar fuertemente y cada vez más rápido, me encantaba ver como los árboles pasaban frente a mis ojos y desaparecían a mis espaldas, mi cabello bailaba al compás del viento como si fuese una atractiva danza para seducir.
Cerré los ojos fuertemente y disfruté de la fragancia de mi caballo. El aire acariciaba mi cara mientras parecía que me mecía con los suaves galopes. Me daba la sensación de que volaba y lo adoraba, adoraba aquello, me hacía sentir libre.
Pronto llegué a un lago, me paré y me bajé del caballo de un salto. Mis pies tocaron el suelo. Me acerqué al agua, ese lugar era mi preferido. Cuando mis pies tocaron la orilla me senté en una gran roca donde bajé mi mirada para contemplar el agua.
Podía ver mi reflejo a lo que empecé a hacer caras tontas y reí. Miré al cielo y contemplé como algunos rayos de sol bajaban para iluminar el bosque y el lago con el espacio que había entre árbol y árbol. Los pájaros cantaban una dulce melodía. Cerré mis ojos para concentrarme en su cantar y respiré profundo, estaba feliz.
Abrí los ojos despacio para poder disfrutar de nuevo aquel paisaje pero los pájaros dejaron de cantar, la luz desapareció llenándose de negras nubes, el agua se tiñó de rojo, mi corazón se empezó a acelerar y mi cabeza a doler, toqué el agua pero ya no lo era, era sangre.
Mi cabeza daba vueltas e intenté levantarme pero caí de rodillas. Pronto empecé a oír gritos desgarradores, tapé mis oídos y sentí como si en mi espalda diesen latigazos. Chillé de dolor cerrando los ojos. Me incorporé de nuevo para ir hacia mi caballo e irme de allí. La tierra empezó a temblar a lo que caí en mitad del camino. Veía como el suelo se teñía de sangre, de mi sangre. Sentí otro latigazo pero esta vez más fuerte, di un grito de dolor y todo se volvió negro.

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